En mi colegio

En mi colegio, había un niño que tenía siempre la mirada perdida en su libro. En su cabeza, resonaba la voz del profesor como un eco lejano, como un sonido distorsionado. Mientras ese eco enseñaba las capitales de países que ya no existen, ese niño llenaba su cuaderno de garabatos y formas que iban apareciendo en su cabeza. Durante muchos años, estuvo perdiendo el tiempo de esa manera, hasta que decidió que aquello no había sido una pérdida de tiempo, y que iba a ser a lo que se iba a dedicar en la universidad y en su trabajo, junto con otros niños como él.

Gracias a todos por ayudarnos a seguir dibujando esas formas en los cuadernos, en el ordenador, en el margen de los libros… y hacerlas realidad.